domingo, 16 de junio de 2013

Éramos de esos con papá

Somos así, de esos a los que no les importan días como estos.
Éramos así, lo éramos con mi papi. 
Igual siempre, hasta en los peores momentos, hubo algún regalo.  

Esto me recuerda a que tampoco creíamos en los reyes magos en casa, pero siempre les dejábamos el pastito y el agua, y mi viejo, el reo de mi viejo que nos decía que no existían, lo mismo se levantaba antes que nosotros a tirar todo como si los camellos se lo hubieran morfado. “Hola camello”, le decíamos con mi hermano a la mañana, “¿Estaba rico el pasto?”

No sé que tiene que ver, ni me había acordado de mi papá hasta que me puse a escribir esto. En realidad iba a hablar del hombre al que ayudé a ser padre (muero por decir: convertí en padre) y que ahora duerme a mi lado.

Bueno, el hijo duerme en su cuna, a un par de metros duerme su padre, que se acostó después del primero. Casi, sólo casi, le entrego el regalo (de los regalos que siempre hay, aunque no se crea en la fecha o no se tenga un mango) a las doce. Y de repente me dí cuenta de que el bebé es el protagonista, no yo. Que son ellos los que tienen que jugar, que compré el regalo para mi hijo, para que se lo de a su papá, que ya no soy la niña que entraba en estos juegos, que esa hora pasó para mí porque se me fue el camello, mi amado camello. Me contuve, al regalo lo entrega mañana por la mañana, con sus propias manecitas el hijo. Manecitas donde pondré el paquete, para empujar el juego, no para participar. El bebé no sabrá que agarra, pero lo simbólico funda.

Lo del regalo pretendía ser eso, un símbolo, por ser el primer año en que tenemos este asunto aquí. Me parece que no va a funcionar, no conseguí nada muy simbólico, entonces pensé que una bata de baño le podría venir bien, y era lo único abierto esta tarde cuando puse la escusa de bajar a la peluquería. Supongo que él imagina que en la semana con el crío se me complicó resolverlo, o que creí (fiel a nosotros) que no importan estas fechas. Hasta que me dije el sentimentalismo de: es la primera vez. Y ahora pensando en mi papá me parece muy importante poner el pasto y el agua.
Tute, 2013      

En fin. Como la bata me la puede tirar por la cabeza, tengo en el ropero unas ricas aceitunas rellenas de anchoas. A eso no se le resiste, no me va a reprochar que gaste dinero sin sentido, y no importa que sea efímero, en esta casa sí creemos en eso de que la felicidad son pequeños momentos, por eso le damos al diente como le damos.

Este escrito no tiene pies ni cabeza. Amo a este hombre que es padre de mi hijo, y creí que ya lo amaba todo lo que se podía, hasta que lo ví en padre. Que cursi estoy. Sólo le deseo hoy lo que se que él más quiere: ser un camello muchos seis de enero.

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4 comentarios:

  1. ¡Qué hermoso escrito, Connie! Me hacés emocionar....

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    1. Gracias Ro!
      Y gracias por opinar por estos lados.

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  2. holaaa! acá vengo a leerte, me encantó el post, yo también pensé en la bata era muy simbólico: bata y chinelas, pero no conseguí nada acá en el pueblo, así que nos fuimos a pasear. bien ahí con las aceitunas. y amé los camellos! nos leemos!

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