jueves, 25 de julio de 2013

Adaptación…#guardacríos

La nueva etapa, esta. Con el crío a cada paso empiezan etapas. Pero desde que nació, a esta parte, lo más que estuvimos separados físicamente fueron dos horas. Esto sí que vendría ser un cambio de etapa significativo, no?  
Sofía Sabsay

El primer día era una hora, miré tras el vidrio todo el rato, lo vi llorar y distraerse alternativamente y un montón de veces, la maestra no podía bajar la guardia, estimulo “al palo” o se pudría todo. El segundo día eran dos horas (y así se irían sumando), lo dejé sonriente y ni miré, me fui a tomar un café, al regresar llorisqueaba pero lo estaban relajando para hacer dormir, casi lo logran. El tercero al dejarlo me quedé mirándolo: parecía uno más “de los acostumbrados”, le sacó una pelota al de al lado y miraba sonriente buscando la aprobación de la maestra como lo hace con nosotros, lo vi bien y salí contenta, cuando regresé lloraba, me parece que desconociendo, y ahí sí me rompió el corazón, quizás porque había andado despreocupada por ahí. El cuarto fue el peor, se quedó super sonriente también, pero cuando volví lo vi, ahí: “esperando”, a gritos muy fuertes y chorros de lágrimas, que una cuchara con zapallo regresara de la ronda de babyseet de la que era parte, lloraba con la boquita abierta como un pajarito pichón desesperado por su alimento, la pájara abandonica (yo) crucé la sala pelando teta. Odia que se le corte el chorro, hay que darle la papilla sin pausa, como si fuera la leche que succiona, sacás una cuchara de la boca y casi que tenés que meter instantáneamente una segunda. Pregunté desesperada si la “adaptacrío” estaba funcionando, me contestaron: “va muy bien”. Y quizás porque soy madre reciente no supe como repreguntar que significaba entonces lo que acababa de ver.

Nos dicen que todo estará bien, que es super receptivo, que cuando se enoja no se queda en esa, sino que presta atención y así se hace mas fácil interactuar. Eso dicen esas señoras que han visto a cientos de pibes en la misma. Las primeras notas a tomar del jardín serían así: hay mocos de todos los colores, las maestras hablan como estúpidos a los padres no a los niños (supongo que eso es bueno), es un ámbito que da confianza, la comida se ve fea aunque los peques se morfan todo, te venden de chorro pedagógico lo que vos haces en tú casa con el pibe por supervivencia, pero derrochan practicidad cuando se mueven cada una con cinco niños y padres obsesivopequeburgueses observándolas detrás de un vidrio. Los tratan regio y considero en serio que no necesitan ser supervisadas para eso, aunque no puedo dejar de mirar detrás del condenado vidrio.

Hice una diarrea la primera tarde, llamo al padre: “que te extraña, estas somatizando”, dice. Una rato después veo el pañal del nene con las mismas señales, para mí era evidente que habíamos comido algo en mal estado, vuelvo a llamar al padre: “le pasaste tu somatización”, lanza. Cada cosa confirmaba la teoría de cada uno. Increíble: que ni siquiera me dijo que estábamos somatizando los dos, no, era mi culpa!

Ando estos días con un trapito en el pecho, “el trapito porta olor”, regalo de Tíapau, para que este bien impregnado de mi olor la semana próxima. Y llevo y traigo en la cartera al Sr. León, regalo de Tíamiriam, porque Sr. León lo ayuda a conciliar el sueño, y lo cuido celosamente hasta que consiga su réplica para dejar en el jardín.

No creo que quiera estar allí, pero que hacer, es lo que le toca. Yo no quiero que este allí, y tampoco tengo nada para hacer, aunque sea mi culpa. Si me hubiera recibido estaría mandando el bendito trabajo estable a la mierda, pero no hablemos de lo que ya (no) fue. Nada justifica cuando comentan: “qué bueno que volvés a trabajar, por tu independencia, digo”. Carajo! Porque no dejan que de la forma de la independencia de cada uno se ocupe cada uno.

Bueno… lo más lindo de la semana fue la sonrisa que me dio mi crío, cuando me vio aparecer el primer día que lo fui a buscar. Sentí, tan adentro, cuánto me registra. Lo segundo mejor son nuestras vueltas a casa estos días. Al llegar montamos la escena siguiente: crío en pañal, madre en teta, echados en busca de una gran siesta, rodeados de juguetes de colores, cantando piano man. Es la recreación de una trinchera de olores conocidos, para vengarnos un ratito del mundo que nos quiere separar.

Fuimos tan felices estos meses, vamos a serlo de otra manera ahora. Que no aconsejen, esto es cosa de dos, ya vamos a aprender. Todo lo que viene no nos quita ese tiempo de idilio primero, ese cimiento. Queda algo, como el alma que le dicen, marcada de cuando compartimos su primer tiempo en el mundo, mi primer tiempo como madre. Él no lo expresa en palabras pero, cuando recreamos la escena de venganza mencionada, percibo que ambos necesitamos saber que: nada ni nadie nos quita lo bailado, lo bailado solos. 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

4 comentarios:

  1. Cada vez que leo este blog, me dan más y más ganas de ser madre. Me encanta lo que escribís y cómo lo contás, tan personal. Es emocionante poder acompañarte en esta aventura.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ups! Yo contribuyo a eso de las ganas?
      A no no, no me hago cargo. jaja!
      Gracias, Sol. Gracias por la buena onda.
      Un abrazo fuerte para los dos!!!

      Eliminar
  2. Ese idilio primero es eterno!!!!!!

    ResponderEliminar

Un blog se alimenta de tus comentarios...