jueves, 3 de abril de 2014

Espalda intolerante

Antes de tener al crío afirmaba que no colecharía, bueno... no tenía ni la más pálida idea de lo que significaba esa expresión, pero "yo no lo haría". Todas mis concepciones y consideraciones al respecto cambiaron. Sigo pensando que no es lo mío eso del colecho, pero ya no evoco pelotudamente razones ajenas.

Que se mal acostumbran: conoce usted un adulto que duerma con su madre? Que te toman el tiempo: que quiere decir eso? Que te mean: verdad!!!! Que no dormís bien vos: la razón más real de todas por las que me esfuerzo para que el piojo se quede en su cuna.

A veces abrazados en la cama no nos importa nada. Y somos felices. Hasta aproximadamente los seis meses dormíamos mejor juntos, él arriba, o cucharita, yo enroscándolo bien. Sin embargo, cuando se me palmaba encima, peregriné cada noche a su cuna en nombre de que “aprenda” algo que ya no se que era. La verdad que un poco me arrepiento y otro no.

Me arrepiento por el hecho de que ahora con quince meses: ya no disfruto que me aplaste con casi diez kilos, o que decida autoritariamente servirse la teta decenas de veces, pues me duelen y aparte hasta ahora no me habían desvestido en contra de mi voluntad, o que me patee y empuje de mi cama hasta quedar en una lonjita toda doblada, despertarme cada veinte minutos por el dolor de cuerpo, saber que el día siguiente va a ser duro, que tengo que trabajar y extrañar tanto la licencia de maternidad, etcéteras. 

Entonces ahí me arrepiento de no haber dejado a mi bebé pequeñito aplastándome dulcemente cuando no me dolía, y mamando permanentemente cuando era un gnomito indefenso y me necesitaba más que a nada en el mundo (aparte mi leche lo llenaba, me soltaba solo y quedaba pipón, ahora minga: puede mamar dos horas seguidas) No puedo volver el tiempo.

Y por otro lado la malamadre sabe que sería más difícil obtener días sin ser una bruja (sin serlo más), si la costumbre estuviera arraigada y él pasara todas las noches en mi cama. Imaginar ir todos los malditos días a trabajar contracturada, ya me pone bien bruja. Mejor como estamos. 

Pero ya no lo pienso en nombre de cuestiones científicas improbables y moralistas. Simple y sencillamente sigo peregrinando a su cuna con él dormido en brazos cada noche para no pagar una fortuna en reconstrucción de espalda, lo que derivaría en más psicoanalista pero no para el pibe, sino para la madre resentida.

Hace unos días leí un post interesante, no recuerdo de quien, decía más o menos: A quien engaña? duerme a su hijo consigo y luego lo deja en la cuna desmayado. Apenas chilla, y como no cree en eso de que dejarlos llorar sea sano, acude a su lado. Se mete usted en la cuna o lo lleva a su cama hasta que vuelve a dormirse para otra vez dejarlo solo. Así muchas veces en una noche. Por lo tanto: puede que lo haga por usted, entonces piense si no descansaría más si no tuviera que levantarse.  Pero sepa que  ésto no es para educarlo: él cree que duermen juntos. Tal cual nosotros, pensé. Me engaño a mí, decantó.

Una amiga que adoro y que habla como yo antes del crío, “me cuenta” (porque es así, uno antes de los hijos dice: “como son las cosas”, y después de ellos aprende a decir: “a mi me parece” o “para mi son así”) que lo del colecho hace mal a la criatura, que no descansa bien (¿?).

Si vieran al crío echarse encima y colgar sus partes por mis distintos laterales tan relajado que muero de envidia, mientras se me parte la espalda. Si lo vieran girar hasta darle un cabezazo que despierta al padre y él sonreír dormido, porque siente entresueños que está cabeza con cabeza. Si lo vieran ponerse perpendicular en la cama empujándonos, como quien no quiere la cosa, y ganar el noventa por ciento de la cama con ese tamaño corporal. Si lo vieran mover las pestañas por abrir y pasar a roncar instantáneamente porque le ponés una mano encima. O cuando se despierta y chusmea a su alrededor, que en su cuna es llanto, pero en medio de nosotros dos es una sonrisa automática y se zambulle otra vez en la cama, mientras con los ojos totalmente cerrados se sirve un tach de teta. O sus siestas que son de cuarenta minutos si está solo y de dos horas, como mínimo, si comparte cama. 

Cada cuál sabe distintas cosas, no? Y mi amiga es médica y tiene más data estadística que yo. Pero es que ya le expliqué, y puede que lo mío sea la excepción, pero yo sé como duerme mi hijo si se siente acompañado. Duerme mucho más tiempo (qué más no es mejor? él no sabe forzarse a dormir, se despertaría, creo), no se contractura (eso puedo dar fe), se siente seguro (un bebé no necesita mucho más), yo sé que mi hijo es feliz cuando duerme con nosotros. No entiendo lo de que “le hace mal”. Acaso no nos pasamos buena parte de la vida buscando con quien dormir nosotros los adultos? 

Una sola vez, con el padre de viaje por trabajo, decidí que iríamos juntos a la cama grande de una. Fue la única noche que ni pisó su cuna. Era noche de otitis, le dolía, hacía dos noches que se despertaba unas veinte veces, y estaba tan cansada que pensé que juntos y con provisiones en la mesa de luz, aunque despierta, esa noche no estaría levantada. Fuimos a dormir después de un baño tibio y casi desvestidos, aunque estaba fresco, porque el termómetro marcaba cuarenta. La noche pasó entre paños de agua y tomadas de la temperatura, que iba y venía, pero no fué dura. El dolor de oídos lo despertaba, se quejaba, se sentaba, abría un ojo, me veía, se me tiraba en el pecho dejándose cuidar, volvía a dormirse al toque. Un trueno fuerte lo sobresaltó más que nada aquella noche, abrió los ojos enormes, se agarró sus orejas, señaló a la ventana y dijo: “Ha!!!” y rió con carcajada todo dormido, mientras nos abrazábamos.  


Dormir con él es una delicia absoluta: odio a mi espalda intolerante.


Así pasamos los primeros seis meses
Imagen encontrada en google
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