martes, 29 de abril de 2014

Mis ojos te daría, F

Texto del 25 de febrero de 2014
#borradoresdemamá

Será cortito. Fue hace unas horas, así que en la medida de lo posible no tengo que usar la compu. Una simple miopía, pero de varios puntos, un problema desde hace más de una década, aunque aún no caí del todo porque nunca me disgustaron los anteojos. Para quienes creemos, y de este modo, en ese “dios nuevo”, al menos más tangible que es “la ciencia”, esto de andar por quirófanos se nos presenta más veces que solamente “cuando no queda otra”.
Siempre llego a ese tipo de situaciones de manera “valiente”-mil comillas-, no me lo tienen que proponer dos veces, voy para donde “mis curas”, los médicos, me dicen. Y allá: fuí. Porque creo en eso de que hay ciertas intervenciones a usar si o si, que negarse a algo que mejora la calidad de vida es conservador y más de esa sarasa. Creo eso hasta que estoy: ahí. De repente me dan un miedo terrible los escenarios que me imagino, dice mi compañero que son delirios pesimistas, que las cosas no pasan hasta que pasan, ergo que no las piense o no me haga la valiente, en lo último tiene razón. Pero que no es imaginación, son posibilidades de mi culto, les pasaron a otros, no como eso de ver apariciones, sino como eso de que algo puede salir mal y te lo hacen firmar. Los videos de youtube no suelen ayudar, vi todos los de operaciones de vesículas, cesáreas, ojos. Ya estaba: ahí. Todos los que salían habían sido operados de un ojo, ¿y yo ambos? (!). Entregué en una puerta el papel firmado. Pase otra y entregué los anteojos, quedaban atrás para siempre, esperemos. Mis ojos fueron adormecidos. Pase otra puerta más y entré en una habitación con varios médicos, varias máquinas, una camilla, mucha luz, todo muy difuso. Lo único que no eran nubes eran los algodones que limpiaban mis ojos, los veía tan claros! Era un cine que ocupaba absolutamente todo mi campo visual y la pantalla me había poseído. Estaba aplastada por un vidrio y no lo sentía. Mis ojos eran mi todo, ergo estaba toda adormecida. Tampoco eran nubes los aparatitos que se acercaban. Uno agarró las pestañas. Otro, como una pinza redondita, apretó la orbita de los ojos sacándolos de su lugar. Todo fue negro con una luz central que no debía dejar de mirar. Miedo. Y una sola idea en la mente, cómo se me ocurre tacarme los ojos ahora que ha nacido lo más maravilloso que voy a ver en mi vida: esa sonrisa. Tengo que dejar de pensar en él, con esa cordura endeble que me caracteriza esto no va bien así, me dije. No podía. Entonces, se  me ocurrió que ahora voy a verlo más aún, desde lejos voy a observarlo reírse, jugar… (no pienses…) mejor estoy acostada en una playa y… y veo al peke alejarse corriendo y jugando. Ya terminamos, dijeron. Y yo estaba empezando a darme cuenta que por más buenos ojos ya se me escapa a la otra playa el crío y debo mover mi trasero de madre al sol, la re pu… Cosas que pasan por la cabeza de una madre. Mis ojos te daría, F. Pero dejame hacer una siestita al sol tranquila, te lo suplico.  


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un blog se alimenta de tus comentarios...