martes, 3 de junio de 2014

Parto y nacimiento respetados (Parte II)

Fue hermoso en la medida que lo vivimos así, haya pasado lo que haya pasado, en el momento me sentí cuidada y para una hipocondríaca eso es lo fundamental.  Nótese que: maniobra de hamilton, oxitocina, monitoreo, rompimiento de bolsa, derecho al acompañamiento y maniobra de kristeller, son expresiones que no se entienden. Y a veces entendidas y todo nos arrolla el sistema y nos dejamos llevar, muchas cosas me pasaron porque no tuve la fuerza de plantearlas, otras porque no supe como se hace. 


1… Maniobra de Hamilton
A la semana 38, y a pocos días de navidad, tengo control. Ya venía con los monitoreos semanales. El obstetra me dice: Tenés 2 de dilatación, no pasás de ésta semana. Me lo asegura, así como así, a dos semanas de la 40. Inmediatamente después de aseverar tal cosa empieza a hacer un tacto, un tacto que duele, duele mucho, y me dice: Estoy desprendiendo la membrana. Me lo dice, me cuenta lo que está haciendo, pero lo hace en medio del procedimiento, nunca se me pregunta nada antes y por otro lado... pienso: Qué será eso?. Duele, estoy confundida y emocionada: Ya viene!!! Qué otra cosa puede sentir una primeriza cuando le dicen que no pasa de la semana. De allí me voy caminando, caminando como que estuve tres años sobre un caballo, duele. Tengo que ir al hospital Garrahan a retirar el kit para hacer la donación de células madres, sólo queda el último paso, retirar la valijita con el instrumental, mi corazón late fuerte por miedo a parir en el colectivo y no llegar a concretar eso que me hace tanta ilusión, qué heroína me siento bajo el sol de diciembre con este calor, con este tamaño y este dolor: en el bondi y haciendo este trámite. Mientras espero que me hagan la entrevista para donantes voy al baño a descubrir sangre, llamo desesperada al obstetra, me dice: No te preocupes, me olvidé de decirte que es normal, lo que hicimos va a hacerte perder el tapón mucoso. Llamo a mi amiga médica: Sí, tranqui, se hace siempre, se llama maniobra de Hamilton. Pienso: Y a mí qué con ese Hamilton? Quien será el gracioso ese? Esto duele. Lo hicieron dos veces más conmigo un poco reticente, no me cerraba que faltaban días para la fecha señalada, pero no me les planté bien, no supe cómo. Por suerte el crío, la naturaleza o que se yo, la tenía clara y el trabajo de parto se desencadenó sólo el día que cumplía 40 semanas. Quizás fue mi pisquis al no parar de leer que las últimas semanas son importantes en el desarrollo también, andá a saber.

2... Oxitocina
Las contracciones empezaron a las 2 aproximadamente, del dichoso 26 de diciembre (a ampliar la noche de trabajo de parto, con el nomarido que no me creía después de dos semanas de contracciones y yo rotulando neuróticamente todo el el cuarto del bebé), mensaje va, mensaje viene con la partera, nos encontramos a las 10 en el Sanatorio, tacto: Casi 5 de dilatación, que vaya el padre a hacer los papeles para la internación. Es hoy?. Sí, no pasa de un par de horas. Guauuu, qué segura está la partera! A las 12 tengo 7 de dilatación. Ya viene el obstetra, me dice, ahora vamos a pasar una vía, agrega. Con oxitocina?Pregunto yo! Si, dice súper natural. Qué es la oxitocina?, pregunta el padredelcrío. Algo para acelerar la dilatación, le contesto y pienso: Algo que es la misma hormona que producen las contracciones. Hace falta si vienen parejitas y aumentando? Hace falta si ya llegué hasta 7 sola? Hace falta? Sigo pensando, y preguntándome hasta hoy por qué no dije nada.

3... Monitoreo, acostada
Hacemos lo de la internación, entramos a la habitación preparto, voy al baño, ordeno las cosas (#madreneura), camino en círculos, ya con el camisón espantoso, las contracciones vienen, las afronto segura de que es un pico y luego pasa, soy feliz sintiéndolas, no lo puedo creer: yo la hipocondríaca feliz con estos dolores, a veces me agacho y el padredelcrío me acaricia, pasan pocos minutos cuando me dicen que me tengo que acostar para pasarme la vía, lo hago: Mierda aún no pusieron el suero y esto ya duele más, me cansé de leer que acostada duele más y: siiiiiiiiiii! Grito por dentro, por fuera la llevo bastante bien. Me duele más así, en cambio parada voy mejor, le explico a la partera. Bueno ahora te sentás, me dice, pero hay que quedarse en la camilla por la vía, lo que hay que pasar, y porque estamos por monitorear permanentemente. La quiero putear, pero también he leído miles de estadísticas de que el monitoreo salva la vida de un buen porcentajes de bebés, pienso: Mierda, mierda, es que no pueden hacer ese aparato para usarlo parada. Colocada la vía me siento y me dice: Agradecé, ayer estuve en otro sanatorio con una cama de partos que ni se inclinaba para sentarse, me dan ganas de contestarle, Y yo qué? Mierdaaaaaaaaaaaaaa, ahora sí que duele, hace unos minutos que empezó a pasar la oxi y las contracciones son dobles, triples, duelen cien veces más, no grito pero la situación me lleva a preguntar: Dónde esta el señor de la peri, ya ni me importa estar acostada.

4… Rompimiento de bolsa
Mientras esperamos al anestesista. Quedate quieta, me dice, ahora vamos a romper la bolsa. También había leído que no hace falta, pero ya no recordaba los por qué, aparte estaba entregada, me dolía ahora tanto más que antes. Sí, creo que ahí fue cuando mandé a la mierda tanta lectura y me dí cuenta que quería confiar en los médicos, quizás fue el dolor, quizás fue el miedo, el famoso miedo al parto que hasta ese momento misteriosamente no había sentido, al menos en esos términos, quizás fue que ya estaba jugadísima, a minutos de conocer el crío, y tan nerviosa! Pero creo que lo que pasó es que decidí relajar al ver todo tan (demasiado) sincronizado entre el equipo médico, no había lugar para pretensiones de parturienta, ellos se abroquelarían en su poder, era su territorio, yo había elegido parir dentro del sistema, y pensé que aunque me diera un poco de bronca la forma en que me estaban tratando, yo elegía el sistema sobre todo por la garantía de que el bebé no corría riesgos, de que las responsabilidades de los eventuales escenarios negros nada tenían que ver con mis decisiones, a mí eso me servía. Rompió la bolsa, ya ni sé si dolió.

5... A solas con el anestesista
Vamos a la sala de partos. Y la persona que pare tiene derecho a estar acompañada en todo el proceso, salvo cuando entra él. Lo vi como un dios, venía a salvarme del dolor. Después la anestesia me pegó muy mal y hubo que ponerme oxígeno y aguantarme decir cien veces que no me quería desmayar y perderme el parto, pero eso es otro tema. La peri era mi elección, como también la era parir en un hospital, pero mi intención era también hacer uso de la ley que me daba el derecho a permanecer acompañada. Sacan al padredelcrío, me quedo hecha una bolita, rogando a todos los dioses que hay y en los que no creía hasta ahora, rogando que no venga la contracción más descomunal y me mueva y quede paralítica, no sé, es un miedo que me pasó mi vieja, que le voy a hacer. Igual lo de ser paralítica me abandona y se me pasan otras mil cosas por la cabeza, y yo me aferro a ese miedo para ordenar el caos, para quedarme quieta, lo logro pero es el momento de todo el proceso en que más sola me siento, y en el que lo estoy también en términos prácticos.

6… La maniobra de Kristeller
Cuando el anestesista se va, pocos minutos después el dolor da paso a la bajada de presión y aparecen fantasmas, empieza una lucha con mi cabeza y extraño que me duela y estar ensimismada en lo corporal. La gata flora, pienso y me da gracia. Entra el padredelcrío, entran todos. Es hora de pujar, dice el obstetra con una sonrisa, es un guapo total y ese es otro capítulo también. Pujamos, así se hace, flaca, pujamos, vuelvo a estar en el cuerpo, pujamos, esperamos contracciones, pujamos, esto va muy bien, pujamos, solo siento la baja de presión en la espera de las contracciones, cuando pujo soy feliz, pujamos, siento poco pero lo que siento es lindo, pujamos, hablamos de la vida y tratan de distraerme, las manos de la obstetra siempre encima de la panza, pujamos, así una media hora y ya no me acuerdo desde cuando tengo a la partera casi montada encima empujando mi panza cuando pujo, pujamos, ya está ahí, flaca, está su cabeza, dice el obstetra, ahora con toda la fuerza, pujo sola y con toda la fuerza que puedo ahí, pero sé que lo puedo hacer mejor y no me sale, pujo fuertísimo y me empujan más que fuertísimo no aflojes, pujo continuado y siento que la cabeza me va a explotar pero me doy clara cuenta que tiene que ver con la presión externa que ejercen en mi cuerpo, es que no lo siento en la panza, pero se me van a saltar los ojos, me molesta que me estén haciendo esto, así no me puedo concentrar en mi fuerza, vamos que no hay tiempo, pujo tratando de ignorar que me están machucando el cuerpo, no aflojes, pujo largo, pero siento que podría ser más largo si no me aprietan así, trato de seguir en el pujo largo, meconio, vamos a cesárea, dicen, lo hiciste muy bien, flaca, pero hasta acá llegamos. La “ayudita” que me venían dando es la maniobra de Kristeller (o presión en fondo de útero). Mientras viajo al quirófano: el miedo se mezcla con la sensación de que la mina casi me saca la tapa de los sesos y me rompe las costillas, bueno, pienso, habrá sido imprescindible. Poco después supe de que se trata y que se desaconseja. Lo bueno de la anestesia de la cesárea es que dejé de sentir que me habían dado una paliza, al menos por un rato. Al día siguiente me dolía mucho más el esternón que la cesárea (!).

Fuimos a cesárea de emergencia: cuando lo anunció en la sala de parto eran las 13.50, corrimos por un pasillo conmigo en la camilla, me iban preparando por el camino, 14.03 tuve al pibe afuera. En eso sí creo que fueron impecables. Estoy segura de que con las cartas echadas: ese marco fue lo mejor. Y en una recta final que se complicó esas personas fueron contenedoras, buena onda, me iban explicando lo que hacían, la mayoría sobre la marcha pero hacían el simulacro al menos, y sobre todo eran profesionales. Creo que no corrimos ningún riesgo, y que de la manera más intervencionista, pero que se nos cuidó.

Me queda la duda clavada, cual espina infinita, de si no hubiera habido un desenlace totalmente diferente si las cosas seguían su curso. Que el tapón se cayera cuando le pintara, si aún no estaba pasada de tiempo. Que la dilatación se hubiera dado en el tiempo natural, si venía con claros progresos. Que me dejarán disfrutar un rato más el trabajo de parto, como venía haciendo caminando o de cuclillas, y quizás se acomodaba mejor. Que la bolsa estallara para mojar el parto cuando fuera necesario, que era para lo que creía que era ese líquido también. Que hubiera podido recibir la peri de la mano de quien me estaba sosteniendo en ese momento. Y tenido más chances de pujar yo misma, si me estaban diciendo que lo hacía bien, o al menos explicarme la necesidad de hacer otra cosa.

Por ahí… pero es que no tengo la bola de cristal, claro, pero por ahí… el pujo final era en otras circunstancias totalmente distintas para el bebé y para mí, y quizás el bendito cordón no se estrangulaba así, allí y en ese momento, si hubiera habido menos presiones para llegar así, allí y en ese momento, como lo provocaron.


Cesárea 
Imagen googleada
Continuación:
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3 comentarios:

  1. La culpa de todo la tienen las fiestas. A mi con mi segundo embarazo me paso algo parecido. Tenía fecha para el 26 de diciembre y dos semanas antes la ginecóloga ya me hacia ir a controles día por medio. En el último me hizo la "maniobra de Hamilton" sin avisarme. Cuando terminó me dijo: "Te di una ayudita, te rompí un poquito la membrana" (meses dsps me enteré de que eso era Hamilton). Me quería inducir el parto en dos días... y directamente me blanqueo que era una cagada que el bb naciera para navidad (también me corrió con que estaba pasada de la fpp y con que el bb era grandote y que podía terminar en cesárea)... y como yo tampoco quería que para toda su vida su cumpleaños quedara opacado por la navidad, accedí. Por suerte, nació al día siguiente de forma super natural.
    De todas formas, las experiencias fueron TOTALMENTE distintas entre el primer parto y el segundo (con ayuda). Yo también me quedé con la sensación de que el bb se quería quedar unos días más. Hoy en día... no estoy contenta de que me hayan realizado un procedimiento sin consultarme, pero por un poquito más de dolor salvé a mi hijo de la posibilidad cumplir para el resto de su vida años en navidad.
    Yo le hecho toda la culpa a las fiestas... y un poco a la doctora también, por eso para este tercer bebé me aseguré de no tener fecha para diciembre y me cambié de obstetra!

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    Respuestas
    1. Teníamos la misma fecha!!!!
      Sí... las fiestas...
      Pero eso de la ética profesional, es que no me creo que sea algo solo teórico, tiene que haber
      más justificativos :(
      Abrazo, gracias por pasar!

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  2. Ahora leyendo todo esto entiendo mucho mejor el post de hoy. Qué experiencia! Me ayuda a ver que muchas cosas que te las pintan como dogmáticas en verdad son alternativas, elecciones en las que también debería poder participar la mader y/o padre de la criatura con la información adecuada, no?

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