viernes, 5 de septiembre de 2014

Cuarenta dedos tengo

Cuarenta dedos tengo, desde hace algunos meses. Tenía veinte y aparecieron, ellos, los otros deditos. Siempre, siempre, me dio fiaca cortarme las uñas. Siempre agradecí que las de los pies tardaran más en crecer, porque las de las manos en una semana ya hay que estar buscando el cortaúñas de vuelta, pero igual cuando encaro las manos sigo automáticamente por los pies, aunque sea mínimamente necesario, y lo hago con la esperanza de que así falte más tiempo para volver a cortar…
... no sé que, porque a la semana lo repetiré todo y me ahorraría energía si salteara semana de por medio los pies. Pero no lo puedo evitar, las dejo todas en cero e imagino que faltan años para repetir el laburo. Las uñas de los nuevos deditos tienen ese ritmo de crecimiento también, bueno… en realidad a los cinco días ya necesitan un retoque pero especulo, a riego de que el crío se deje marcas en la cara, -como la de su nariz, que se dio con una uña a eso de los ocho meses, y esta madre tan bestia, tan bestia, y que sumamente culposa ahora lo confiesa, esta madre le secó un día la cara llevándose en la toalla la cascarita: y quedó la puta marca- especulo, decía, unos dos días y a veces más con para hacer el trabajo todo junto. Entonces empiezo por mis manos, en general él se asoma trayéndome los deditos y deja cortar, pero muchas veces se resiste y entonces, chupete electrónico mediante, empieza la extorsión: cortamos las uñas o apago. Después sigo por mis pies, ahí le copa un poco más imitarme y grita que le saque los “papos”, dícese de los zapatos, y procedo a cortar las de los pequeños piececitos, revelo que me gusta el olorcito que emanan esas pequeñas uñitas de piececitos contaminantes, como cuando te gustan tus olores… al final regreso a terminar las uñas de mis pies. Y estoy tan exhausta. Y me pasa eso de imaginar que por años no lo necesitaré hacer. Siempre fue de esas tareas que hay que cumplir para seguir viviendo, tan mínimas, tan necesarias, como una respiración que si la aíslas, sola no es nada, un simple trámite mecánico, pero imprescindible para engancharse con las otras, con la cadena de inhalaciones y exhalaciones. El tema de las uñas me parece de esos actos mínimos, insignificantes, imprescindibles, pero: me agota hacerlo. Antes solía medir el tiempo en cortadas de uñas, bueno esta es la anterior a… quizás vuelva a hacerlo, pero con tantos dedos prefiero olvidarme que es una tarea que existe. Es una tarea que está en la lista de: por que no tener más hijos. Por que lo peor del tema este es cuando caes en la cuenta de que te crecieron más dedos… Cuarenta dedos tengo, desde hace algunos meses. Tenía veinte y aparecieron, ellos, los otros deditos. Siempre, siempre, me dió fiaca cortarme las uñas. Y ahora son cuarenta!!!!!
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2 comentarios:

  1. Nunca le pediste al papádelcrío que te corte las uñas??
    Cómo se te pudo pasar??

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  2. Se hace el "otro". Cree que siempre hay tiempo y que soy una acelerada que me anticipo. Cuac. El joven manos de tijera, podría aparecer esperándolo, jaja

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