martes, 16 de septiembre de 2014

Piojito intruso / #fotosquehablan I

Es Agosto del 2014, y Piojito intruso se mete en la salida de aniversario de sus padres. Entra al hotel en su cochecito naranja todo destartalado -destartalado por las bolsas que le cuelga mamá cuando salen a comprar las verduras-. Silencioso y lujuso hotel... y se siente fuerte en el retumbar de techos altísimos: Ui-iiii-iiiiiiiiiiii… ruidoso el carrito, los padres se ríen, se ríen cada vez más, llegan al mostrador sacados.

Piojito intruso entra a la habitación y: Wowwwww!!! Cuantos mandos eléctricos para todo!!! No puede parar de tocar. Wow! Qué baño más lindo: nunca tuve una bañadera tan grande, piensa y grita: aguaaaaaaaaaaaa-agua! Se quiere meter. Toquetea todo. Pide salir al pasillo. Corre. Llama el ascensor -con la complicidad del padre que de chico iba más que la madre a hoteles y lo recuerda como expediciones hermosas-. Salen a planta baja: como dos niños. Piojito quiere investigar más: allá-allaaaaaaaaaaa, grita sacado. Y descubre fascinado un Toro.

Piojito intruso merienda en el hall del hotel mientras se enrosca en las cortinas. Luego pasea toda la tarde por San Telmo viendo juguetes antiguos que les gustan a sus viejos. Vuelve a cenar en la cama grande viendo dibus y a bañarse en la bañerota, de la que no es fácil sacarlo. Todo para intentar un relaje no logrado, para que después no se quiera meter en la practicuna que le han colocado en el cuarto. Puf!!! Son las tres a.m. y piojito es indormible, ha aprendido a salirse de su cuna, se tira de cabeza a la cama grande y grita: iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiih, sacadísimo. Hasta que el padre le hace entender que era -nótese el uso del pasado-, era una fiesta de ellos no de él y es obligado a permanecer es su aposento. Resultado: se duerme en diez minutos. La madre mira al padre y le dice: estaba pidiendo límites, nunca lo vi tan claro, por eso solo te amo. Y se duermen.

Piojito intruso se despierta antes que todos y con hambre. Va a desayunar a lo americano, escupiendo jamón y huevo, y confundiendo con el padre a todo hombre con camisa a cuadros en su deambular, valga la redundancia: deambular sacado, por el comedero. Por favoooor! para que se quede quieto le ponen más dibus en un celu. Durante aquella mañana pasea por Plaza de Mayo de la mano de mamá, va al Museo del Bicentenario en los hombros de papá, le da de comer a las palomas, da más vuelta que las Madres a la pirámide. Check-out hecho regresa en subte a su cuna, y allí, donde no es un intruso: sino su reinado, hace una siesta de cuatro horas!!!!

Y por fin los padres pueden brindar por haber estado ocho años aguantándose, queriéndose y siendo compañeros: compañeros en la fábrica de hacer corazones, como le gusta decir a la mamá.



El toro del Hotel

Museo del Bicentenario

Museo del Bicentenario


Museo del Bicentenario

Las patas en la fuente

Museo del Bicentenario


Museo del Bicentenario







En los hombros de papá
Bonito lo tuyo

Néstor

Muñecas que regalaba Evita

Juguetes de San Telmo


Juguetes de San Telmo



Juguetes de San Telmo

Palomas

Hola, por favor:
unos fideos con crema al cuarto de mis papás, gracias. 


Más vueltas!



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