sábado, 31 de enero de 2015

Intentos de metáforas de olas y libélulas

Entre los #borradoresdemamá / Este salió de un borrador escrito durante las primeras vacaciones con el pichón en el mar, por eso el mambo de las olas. Y en la cámara esa foto que acompañaba tan bien.

Las olas son inevitables, F. Dicen que así es la vida, no sé nada de ella, pero eso dicen. No te preocupes, mamá te tomará de la mano siempre que lo necesites. Puede pasar cualquier cosa, mamá no te soltará si no lo quieres. No todo son libélulas de colores, me dicen que a los niveles de frustración hay que irlos introduciendo de a poco. Pero hay tiempo para que aprendas, no creo que sea el momento de pinchar a propósito ningún globo, puede existir eso? Se me ocurre que la vida se encarga sola, cómo pretenden que ensaye puestas macabras para darlas en dosis a mi gran amor.  

Si por ahí ves a mamá como nublada, o que se lo nota que es llorona, o que se le crispa la paciencia tan pronto, no te preocupes, es porque ser adultos es un tanto aburrido a veces. Y cuando alguna ola golpea por ahí nos olvidamos que lo importante es jugar. Bastará que te vea jugar para que lo recuerde.

Habrá olas que serán para los dos, porque por muchos años las que vengan para ser parte de tu vida las atravesaremos a upa. A una persona súper tranquilizadora, una mujer bella que conocí durante el puerperio y a la que le gusta laburar creando redes de mujeres, le escuche decir algo así como: “Qué sentido tragarse las lágrimas, ellos se dan cuenta. No hay que involucrarlos directamente, no hay que teñirlos con resentimiento, no hay que hablarles de lo que no preguntan, no hay que hacerlos sentirse culpables, ni victimas, no hay que contagiarlos de razones que no les pertenecen. Y con esas cosas básicas claras, no tiene sentido que te escondás. Los bebés saben cómo estás, y a veces solo hay que saber que llorar acompañados es una posibilidad.” Cuando eras muy bebé y no te podía calmar, y no entendía que te pasaba, lloré a la par tuya. Fue después de escuchar esas palabras. Amé a esa mujer que me hizo entender que era peor reprimir la angustia. Se trataba de la angustia de no poder manejarlo todo cuando recién habías nacido y el mundo había cambiado tanto. Esas primeras olas eran para los dos, era el conocernos, el aprender a querernos, el aprender a necesitarnos. Surfeamos juntos.

Habrá olas que te pertenecerán. El tiempo te mostrará otros sitios donde estén las mejores olas de tú vida, pero eso cuando ya no seas un pichón y vueles adonde se te cante. Son divertidas. Hasta las que duelen tienen su onda, cuando te pegan en la piel te hacen sentir vivo. El mar es así, si pudiera lo domaría para vos, pero no serviría, te aburrirías mucho. Qué sentido andar por la vida si le pinta ser quieta quieta, ninguna gracia, no te regalaría esa desgracia si fuera la más bruja. Pero encima soy una brujita pequeña que apenas puede sostenerte en alto, eso sí: me van a tener que matar siempre que me proponga que te quedes seco.

Muchas de las olas que presentirás, F, muchas de ellas no tienen nada que ver con vos, y mamá deberá ingeniárselas para que ni te salpiques. Hoy que estás convirtiéndote en un nene y la empatía sentimental ya no lo es todo, porque cada día cazás más sobre las cosas prácticas del mundo que te rodea y deducís mucho, si me dejara fluir adelante tuyo estaría “pasandote razones que no te pertenecen”.  Hay olas que las afrontará mamá sola. Y va a volver más fuerte, para las que nos toquen juntos.

Esa ola que sabés ahí, ahora, son de las que no tienen porque mojarte, y no va a hacerlo. Pero no puedo impedir que presientas, eso es lo que te hace mágico también. El otro día hubo una discusión en susurros, de madrugada, bajo siete llaves, para que las palabras que no son para vos no reboten en tu universo tan hermoso de sonrisas de mil dientes. Sin embargo te levantaste al día siguiente, y puchero de por medio, me dijiste: Maaa, maaa, te agarraste la panza y lanzaste toda tu cena como en el exorcista. Demostrándome que sos tanto más que un cuerpecito pequeño. Demostrándome que sos unos cuantos billones de neuronas con radares de los más extraños, muchos de los que nosotros ya perdimos o reprimidos bien profundo.

Limé, hijo. Este borrador apareció pensando en como a veces se revuelve nuestro mundo cercano. Y es para vos, pero no literal, o sea no para que lo leas, sino de esas cosas que se dicen con los ojos cuando te quiero pedir perdón por no poder mantenerte totalmente al margen de mis estados de ánimos.

Ahí viene una ola, vamos a estar bien.

 
Villa Gesell, Argentina
Diciembre de 2014
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2 comentarios:

  1. Me emocionaste profundamente, tocas el mundo de la maternidad, los vínculos y la vida que no es tan linda siempre de un modo muy bello!
    Virginia

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  2. Gracias, Virginia!
    Me encanta lo de pensar en redes de mujeres
    y por aquí encontré una vía, sólo eso.
    Un abrazo,

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