jueves, 16 de abril de 2015

Fruto pagano

Se para en un restaurante frente a un “Papá Noel” de su altura, le toca la barba y me mira, claramente me está preguntando: ¿De qué se trata éste muñeco? Ese es San Nicolás, ¿te acordás del señor que te conté el otro día que vivía en un lugar que se llama Polo Norte, y que le hacía juguetes a los niños pobres?, le digo. Asiente con la cabeza y una sonrisa. Bueno, ¡es ese! La camarera me mira con cara de cu: ¿Y ésta marciana? 

Entramos a una tienda y cuando ve el arbolito de navidad, lleno de pelotas navideñas, grita: ¡Anasss!, dícese de manzanas. Tiene hambre, me dice el padre. Éstas son como un poco brillantes y duras, agrego yo. Familia too mach.
Llega el día de reyes. En primer lugar era la tarde del día seis y la niñera apenas entra le pregunta al nene: ¿Qué te trajeron los reyes? Niño con cara de: Yo no entiendo nada. Noooo! Me re olvidé, la madre. El siete (total el niño no sabe de números), a la noche (tampoco sabe el niño de horas), le dimos un regalo.

La previa fue así: Vamos a jugar un juego que juegan los niños de occidente cristiano (?). Lo más gracioso de todo era que me miraba como si entendiera algo y asentía feliz, proseguí: El juego es así: dejamos los zapatos, un poco de pasto (rúcula) y agua, y vienen unos camellos y te traen un regalo. El padre corrige: Son los reyes los que traen el regalo. Bueno, bueno, unos señores sobre unos camellos, te van a dejar un regalo mientras duermas. Cuando se lo decía me preguntaba: ¿Por qué le miento? Porque cuando era niña, aunque por culpa del comunista de mi padre sabía que no existían, me gustaba imaginar que venían en la noche esos animales, igual al otro día le decíamos a papá: ¡Vos sos un camello! No le mentí, estábamos jugando, se lo dije al comienzo.

Íbamos a darle el regalo a la mañana siguiente, pero al padre le dió ansiedad -nótese que no soy la única hereje-. Después de dejar la rúcula y el agüita, el crío y yo nos fuimos a bañar. Y al salir... ¡había un paquete sobre las crocs! (crocs: zapato sintético que amamos los padres). Y al lado de la escena el padre con una sonrisa -demasiado grande-. Y el niño con cara de: ¿no tenía que esperar hasta mañana? Alguno señaló: te lo trajeron mientras te bañabas. Crío: papá. Padre: no, papá no, fueron los reyes. Crío con sus dos años recién cumplidos y poquísimo vocabulario retruca: papáaaaaaaaaaaa. ¿Ves? Eso pasa porque sonreís con esa cara de: ¿te gusta lo que te compré?

Hago lo que puedo. No es que crea que la fantasía está mal, todo lo contrario. En casa todos vemos cosas imaginarias, respetamos a los amigos invisibles, hablamos con los muñecos, las leyendas populares se cuentan con emoción, bancamos al Principito, sabemos que Bumpy vive en nuestras cañerías, les hablamos a las plantas, sospechamos que en las macetas hay duendes, tenemos claro que hay cosas que son magia, creemos en las brujas, suena el teléfono desde otras galaxias cada día, le bailamos a la luna, bailamos con la lluvia, le pedimos cosas al sol. 

Apenas me da una señal de que prefiere creer juego su juego, y hasta creo. Pero a mi de niña me encantaba la idea de la verdad y pensar que mis padres eran los más honestos. Claro que era reduccionista, idealizado e inducido, pero yo era solo una pequeña y le daba valor a las cosas que ellos -especialmente él, papá- le daban valor. Cuando pienso en como influían en mí me pregunto ¿por qué tendría para educar a mi hijo que salirme forzadamente de aspectos que me fueron trasmitidos y que reafirmé a gusto de adulta? Los que cuestioné son procesos más complejos, y trataré de laburar para erradicarlos o transformarlos. Pero contradecirme en lo que creo para practicarlo con él... Primero no se si se puede; Segundo, si lo lograra, ¿no sería cuestionar las imágenes de referencia desde el vamos y generar inseguridades? ¿qué pasa si le devuelvo incoherencias básicas, aplicando un modelo cultural en mis prácticas y elecciones, y otro (ajeno) en lo que hago por él hasta que pueda decidir?.  

Imagínate un chico preguntándose: ¿Quién es mamá que me bautizó cuando no cree en eso? Esa fue una discusión que se abrió cuando la familia política planteó la importancia para ellos de ese rito. Por un momento tambaleé, por el padre, por lo que pudiera llegar a significar para él. Pero de repente reaccioné en la certeza de que el que estaba llegando al mundo era MI hijo. 

Y hablamos así:

Madre: - No me hables de las presiones, de las conveniencias de relaciones familiares (sociales), no me hables de lo que significa para otros porque ésta es nuestra historia, la de dos que traemos un tercero intencionalmente al mundo. Decime lo que sentís vos. ¿Creés profundamente en ese rito y se lo querés transmitir a tú hijo? 
Padre: - Yo creo en la importancia de que estemos abiertos a que nuestro hijo pueda explorar en religiones...
- ¿Qué tiene que ver con eso un rito de iniciación cuando es un bebé y no elige?
- Me preocupa lo cerrada que estás. 
- Lo seré si cuando quiere explorar le corto las alas. Cuando tenía ocho años quise hacer catequesis, mi padre, el anti, me iba a llevar y a buscar cada vez, y me dejó ir a misa todas las veces que se me cantó. Sé de que hablo. 
- Pero es un rito nada más y le abrimos una puerta. 
- ¿Qué puerta? ¿La que te abrieron a vos que ahora querés hacer la apostacía? No te parece contradictorio demás. Y yo no le quiero abrir UNA puerta a mi hijo, le quiero abrir muchas. 
- Bueno, puede ser de cualquier religión...
- Entonces... ¿Quién soy para elegir por él? Hagamos las de todas las religiones, dale. Si ese es tu criterio y querés usar el cuerpo de nuestro hijo para que se abran puertas en vez de que sean procesos históricos y conscientes, si esa es tu elección hay que hacer los ritos de todas las religiones. 
- Qué decís?

- Y sí, ¿Por qué solo el catolicismo con las "masacres hermosas" que se hicieron en su nombre?  
- Mezclás todo. La tradición también es pertenencia. 
- Esa no es mía. Tengo un octavo de antepasados originarios. No soy bautizada. ¿La tradición de quién? ¿De un padre que se reivindica agnóstico? ¿Y de una madre furiosamente atea? Cuando elija lo que elija voy a seguir amándolo, pero el mundo que le voy a mostrar es el que veo yo, no el que ve no se quién... sería trucho. Que haga lo que quiera cuando sus errores y aciertos sean sus problemas, yo no lo empujaré a las cosas en las que no creo. Estaría loca haciendo eso, según mi criterio. Y sí, quizás es un pobre chico, pero es la madre que le tocó y esa es su realidad, su verdad. Repito: ¿Creés profundamente en ese rito y se lo querés transmitir a tú hijo? ¿Si o no?
- No.
- Entonces no me jodas más. No voy a empezar la vida junto a mi hijo mostrándole como me traiciono.
Punto final de esa discusión. 

Hace unos días un amigo nos manda en mensaje: Los quiero ver, a usted, su compañero y al fruto pagano de esa relación. Reímos exageradamente cuando lo leemos. Lo hacemos porque porque hay muchas diferencias entre un agnóstico y una atea, pero también una gran complicidad. Nos aqueja ahora la educación de un paganito. Es el siglo 21, todo bien, es fácil. El grado del proceso de secularización es enorme y en eso soy totalmente positivista: no hay vuelta atrás.

Me lo imagino en el jardín diciendo: los juegos de los niños occidentales.


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6 comentarios:

  1. Me diviertió mucho la conversación de la atea y el agnóstico! En estos días vengo sintiendo plenamente consciente esto de que en muchos casos lo que eligen nuestros hijos tiene que ver con el listado de posibilidades que les abrimos. Digo, por ejemplo, Mamá a qué puedo jugar? A armar rompecabezas, jugá con las muñecas o buscamos las plastimasas, ponele. Pero yo nunca tiro propuestas super creativas, o que involucren invitar a alguien o ensuciarse demasiado, porque soy así, qué le vamos a hacer. Lo mismo vale para la comida o para la ropa y para muchas cosas más. Y hay que tener cuidado con eso porque uno de mis principios maternales es que aprenda a elegir. Y para que sea válido deberé bancarme que le gusten cosas que a mí no.
    Nosotros somos los dos des-creyentes. Y en ese marco es natural el no bautismo y la escuela laica. Pero hace unos meses mi hija me preguntó quién es dios y me agarró sin respuesta preparada. Para mí dios es una representación, pero no soy capaz de explicarle a una nena de 5 años eso. En fin, le terminé haciendo un matete en que dios era mezcla de superstición y superhéroe. En el que algunas personas creían y otras no.
    Con papá noel me dejé llevar por el mercado. Soy bastante grinch y no quería pasarle a ella la mala onda, entendiendo que el tiempo que tienen para creer en esa mentira/ilusión es muy breve. Así que hacemos el juego de la cartita, los regalos abajo del árbol y todo eso. Lo mismo con los reyes, o con el ratón Perez, como un juego.
    Te mando un beso!

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    1. Yo intenté darle credibilidad a lo de los reyes y no salió, jajaj! pero es porque solo tiene dos, ya vamos a jugar, seguro!
      Me gusta lo del merengue que te salió decirle que era dios, pienso que me va a pasar parecido... superstición, superhéroe, en el que algunas personas creían y otras no... Seguró se complica más cuando te disparé: y vos creés? ... ahí es donde se queman los papeles, no podés mentir. Y te dicen que la verdad es una bajada de linea, pero lo es siempre... y es tan dura y penetrante creas o no, es la forma de ver el mundo de sus referentes.
      Ya saldrán a rodar y nos mandarán a la mierda, y creerán o descreerán diferente a nosotros: pero que cuando salgan sepan que les dijimos lo que pensábamos. No? Es mi postura... no sé, es lo que me apareció con aquella discusión.
      Claro está no hay que cerrar caminos, hay que estimular que experimenten, y demás... pero les tocamos, nos sacaron en la lotería de padres, y uno muestra el mundo como lo percibe...
      Te abrazo!
      Me copa como te embalas escribiendo, en todos lados, te envidio esa garra discursiva de tus post llenos de noticias!!!

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    2. jaja, gracias por el elogio. Soy así de insorpotablemente verborrágica. Vos no te quedás atrás eh!
      La pregunta que vino unos días después fue de si yo creía o no en dios. Y me la volvió a hacer varias veces. Yo le dije que no pero que ella podía creer o no, que era como cada uno lo sintiera. Le di ejemplos de gente conocida que cree o no cree o que cree en algo diferente al dios de los cristianos. Ella dice que le parece que de grande va a querer creer en dios.
      Pero es como vos decís, la justificación última es mantenerse fiel a lo que uno piensa. Sería mucho más sencillo decirle que dios existe, bautizarla y mandarla a catequesis pero la verdad que no me sale. Besos!!!!

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  2. Muy bueno, muy intenso el diálogo sobre el bautismo, tomamos el mismo camino y si dios existe que se joda

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