viernes, 7 de agosto de 2015

Pelé la teta con vergüenza aceleradamente decreciente


Di -o intente dar-
la teta:
Recién operada,
tiritando por la anestesia,
sentada en el inodoro,
alguna vez afiebrada,
otra en medio de un ataque de pánico.

En:
bondis,
trenes,
taxis,
subtes,
aviones,
lanchas.
En:
paradas,
terminales,
aeropuertos.
En:
cordones de veredas,
marchas,
restaurantes,
bares.
En:
duchas,
bañeras,
mesadas de cocinas,
suelos de habitaciones.
En:
muchas casas,
reuniones gremiales,
reuniones de amigos,
reuniones de consorcios.
Lo hice:
acostada,
parada,
sentada,
arrodillada,
acuclillada.
Lo hice:
durmiendo,
bailando,
trabajando,
debatiendo,
cocinando.
También:
riendo
y llorando.
Fue:
hermoso,
a veces lo contrario,
pero fue nuestro mambo,
pudimos elegir.


La cosa empezó así. Hace algunos años, con el crío de minutos, delante de toda la familia pelé la teta con vergüenza aceleradamente decreciente y desesperada porque se prendiera, desesperada  porque no sabíamos como carajo hacerlo y las horas de reserva alimentaria acababan. Entonces, y  ya que se les imponía visitarnos, me vieron sacando y poniendo la teta de esa boquita mil veces, primero una, luego la otra, y ya había olvidado taparme la que no estaba usando. 

Así empezamos, luego nos pusimos cancheros y una vez, con más de un año de lactancia y entrenamiento, el pibe salió a caminar por una pizzeria y cuando el padre regresa a la mesa me dice: tenés una lola afuera.

Cuando me miraban mal, me daban ganas de desnudarme. Un día leí de respuesta: espero que cuando comas un sanwich lo hagas a escondidas. Pero aparte una amiga me planteaba que es un acto hermoso que es de a dos y que la protagonista no es la madre posando con la teta, pensé que es verdad, pero que también es cierto que es hermoso hacer la contra a esas observaciones  que lo quieren convertir en un acto privado, cuando no lo es.


La teta fue alguna vez todo lo que tuve, cuándo él era todas necesidades básicas. Por suerte, a pesar de lo especial que fue, no es eterno. Por suerte a la personita se le va abriendo el mundo, la teta deja de serlo todo y una deja de sentirse esa teta con patas. Y sale al mundo diciéndole: ahora sí las guardo, pero porque se me antoja.
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5 comentarios:

  1. Amo esa poesía cotidiana, pedestre, que sin demasiadas pretensiones avanza e ilumina y me reí mucho con lo de la teta en la pizzería

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Pablo, tengo medio abandonado el mundo bloguer y con ello a espacios como el tuyo que me encantan leer. Me gusta que te rías un poco, cuando paso por el tuyo me desmayo de la risa.

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  3. MENEANDO! muy identificada. por acá, dos embarazos y lactancias al hilo. mis tetas fueron y son tema de conversación, cuando la piccolissima cumplo un año decidí que era suficiente para ambas. así que hace un mes que destetamos definitivamente. Extraño un poco esos momentos tan nuestros, pero después... cuando veo lo bien que esta y lo bien que estoy yo... se me pasa. ;) los tiempos los decidimos juntas, y eso es lo mas importante, los de afuera son de palo.

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