domingo, 15 de noviembre de 2015

Dos años luz, por qué esa palabra y un tatoo

(borrador/ideas sueltas en torno a los dos años del crío)

Mi estrella roja ya tiene dos años,

llegó hace dos años luz (parecen)
a enseñarme que no sabía nada.

Se llama Facundo 
por la fuerza que le puso Quiroga a esa palabra
para tener siempre presente a mi tierra roja.


















Le doy cosas que creí que no se daban, 

las partículas de polvo cuando abro la ventana a la mañana, 
por ejemplo.

Los sueños míos 

y más que lo que puedo del amor, le doy
y pasa, solo pasa, no sabía que podía. 

Ojalá él sepa de lo real, 

de lo que no se compra de ningún modo, 
con eso alcanza.

Ojalá sea parte de la memoria de su pueblo, 

y nunca dejé de tomar partido, 
saber creer es importante. 

Le deseo una madre que pueda superar taras culturales, 

que no le pida títulos, y le de puertas,
y aprenda a no transmitir miedos.

Quizás la madre no lo logre, 

entonces le deseo que sepa perdonar 
y no por ella que escribe esta noche, sino por él, para que de verdad ande liviano.

Y sobre la palabra que elegí para nombrarlo, 

quise verla escrita en el cuerpo, 
y tiene que ver con que siempre dudo de las elecciones.

No recordamos cuando apareció en la lista, 

y nadie alrededor supo de su belleza, 
pero él ya se llamaba así.

No sabemos precisamente desde cuando 

ya era su nombre y era rojo, 
y es el que me tatué para ver, y repensar, y recordar los mil sentidos que se me mezclan.

Es que hasta él nada era permanente, excepto el yo

y el cuerpo era un templo del ego,
ahora hay marcas, para siempre.

Recordar y/o aprender que los cuerpos son territorios que se marcan, 
por el paso del tiempo, las cosas, la vida,
mi vida, dijo esta malamadre, por eso me tatué.




























Se acuerdan del: qué le hace una mancha más al tigre

pues pega con la historia del nombre,
Facundo era el tigre de los llanos.

Dos años hace de esta locura (que apenas empezó),
dos años y un desquicio, una gran desconstrucción, mil angustias, lo inconmensurable
y tantas satisfacciones tan desconocidas antes de él.

Un tatuaje con sus letras y la estrella roja, 

para no distraerme de la verdad.
Lejos de la perfección, a veces necesito mirarlo para seguir andando en un sentido determinado.








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