domingo, 20 de marzo de 2016

Un día (casi) perfecto

Las vacaciones un desquicio de rutinas y humores, mejor dicho, todo el verano un caos. Las opiniones: tiene tres, qué hace con pañal? La pediatra: el chico habla mal, pero él está perfecto, el problema son los padres... Si querés un bebé tenete otro, dixit la dulce de la pediatra. Venimos de una racha con esa "onda".

Ni hablar de los ánimos políticos ante un país que después de doce años de inclusión social -a los ponchazos, sí, pero subiendo todo el tiempo gente al tren- a decidido virar "democráticamente" a las lógicas egoístas votando a los lobos. Eso interfirió en el cuelgue con este espacio. Que el pibe cumpliera tres más este shock histórico han zamarreado este ombligo, diciéndole: la maternidad no tiene sentido si solo se mira a sí misma, sin darse cuenta que el mundo al que se trajo una persona es este que colapsa en injusticias y exige mirar alrededor.

Así llegó el 29 de febrero de este año bisiesto. La vacante del jardín que queríamos -quería yo, que me obsesiona el tema desde que el crío está en la panza- le fue adjudicada. A las 00 el crío ya dormía... ni se inmutó en toda la noche. Me quedé cociendo los apliques en el guardapolvito. Con el padre roncando que se escuchaba desde la cocina, me sentía una mártir.

Cansada, decidí igual lavar los platos, pensé: hoy mi neura tiene más sentido, no va a despertar a un día tan importante con el marco cambiado. Dan seguridad las rutinas y su casa, especialmente cuando se levanta, siempre está hiper ordenada: hoy con más razón, justifiqué mi ansiedad.

Lavé y repasé el orden de tooooda la bendita casa. Loca. Me acosté dejando por primera vez en la vida todo dispuesto para el desayuno, el guardapolvo planchado en el respaldo de su sillita y en el centro de la mesa la mochilita con todo lo requerido bien rotulado. Había imaginado este día siempre, creo. A las 2.30, ya en la cama, pensé -como hacía mucho no pensaba- que tal vez no era tan pésima madre.

A las 8 sonó el despertador. El padre lo trajo a nuestra cama. Lo abracé tibiecito y sentí olor a bebé aún. Remoloneamos un rato y me animé a preguntar: En un rato empezamos el jardín, ¿Estás listo? Toy listo, mamá. Murmuró con vocecita de recién levantado, mientras se incorporaba y salía decidido a desayunar. En pijamas se tomó casi toda la leche y varias galles. Casi nunca quiere desayunar, hoy sí.

Cuando terminó le saqué el pañal sin saber que sería el último. Los usaba poco, en general en momentos puntuales, pero esa noche se lo pusimos para que un posible accidente no le interrumpa el descanso de un día intenso. Con cautela, ya que sabía exigir los pañales de manera muy contundente si le parecía, le dije: Ahora el calzoncillo, porque al jardín no entran los pañales. Ya sé, mamá... contestó.

Con toda la naturalidad que pude agarré la ropa que creía propicia para la situación y empecé a ponérsela sin verbalizar la acción, para que no la discuta. Cada mañana hay un debate al respecto, esta vez no. Le conté que las zapatillas eran mejor para jugar y correr, y las aceptó con una sonrisa. En general las odia y vive en crocs.

Solo falta el guardapolvo, dije. Nunca se lo había querido ni probar y había cuestionado fervientemente el color. Extendió los brazos en cruz y esperó hasta que estuvo el último broche prendido. Estás tan lindo, dije casi llorando, a lo que respondió: Yayas (gracias), mamá por este lalo (regalo) para ir a mi nanín (jardín). Suspiró y se puso él solo la mochilita. ¿Está todo? Me preguntó.

Desde las vacaciones se le dió por solicitar con énfasis upa y no caminar ni veinte metros. Caminó las dos cuadras con una cara de asunto serio que te derretías. Subió las escaleras del jardín solo, y de mi mano llego a la sala. Fue muy breve, presentación de la sala y de las seños, pero él sonreía y pidió conocer el inodoro pequeño y el patio.

De vuelta en casa se quedó con Tuty -quién fue su niñera hasta hace dos meses, cuando el macrismo despidió al padredelcrío-, mientras nosotros volvíamos al jardín para la entrevista de padres, que fue extensa por el hecho de no tener del todo resuelto el tema pañales y conmigo espantosamente culposa, implorando ayuda. 

A volver a recogerlo, me cuenta Tuty que F le dijo: ¡caca, epal (pañal) ya! Entonces ella le explicó -y estuvo súper piola porque sabía que nosotros ya estábamos a metros, pero quiso empujarlo- que no había pañales. Y se puso firme. Él aceptó sentarse al inodoro y cagar un poquito allí por primera vez. Había hecho otras veces esto de decidir en momentos cruciales, por ejemplo al entrar a la sala del jardín deambuladores, de un año, iba a ser el único que aún no caminaba, entonces el día anterior al cambio de sala se levantó y fue bípedo.

Mi felicidad. Te voy a regalar algo grande, grité sacada cuando me relataron el episodio inodoro. En el acto me arrepentí, pero como dice Freud: caca-mamá-regalo. Ahí estaba yo: tan básica y sintiendo una felicidad inmensa.

Al llega a casa me exigió un pañal para terminar el tramite que había empezado en lo de Tuty. Entonces entendí que el primer paso por algo lo había dado cuando no estuve presente. Que lo había logrado sin mi y no me dieron celos, más bien la sensación contraria. Ahora tenía que poder empujar al segundo paso con la solidez que no había tenido para con este tema hasta el momento. 

Vi que el padre se retiró para que no chocáramos en opiniones. Y yo no queriendo discutir por las formas y con un poco de vergüenza, le dije en voz baja y calma al niño: No, porque: 1. los pañales son de bebé; 2. el regalo es para los nenes que le dicen chau para siempre a los pañales; 3. si te sentás a probar te presto el celu. Con ese compendio de extorsiones y malas formas, con ese manotazo de ahogada de quien no sabe poner mejor los límites, con todo eso yo era la peor madre, pero no importaba, lo había decidido: iba a ser un día perfecto y saldríamos de este embrollo aunque nos costara años de terapia a cada uno.

Bueno, dijo. Con toda la tranquilidad que me fue posible, tratando de caminar como una madre "normal", lo senté al inodoro y no hubo un ataque de berrinche y angustia como en los otros intentos. Va a estar todo bien, ya somos grandes y entendemos que hay que hacerlo asíSi, mamá, pero es malo y dueleNo es malo y si pensás otra cosa y te relajás te va a ayudar. Empecé a hablar de cuando yo era chica y mis papás me contaban cuentos cuando me sentaba al inodoro. Lo tenía de las dos manos y me senté en el piso. La emoción cuando vi salir el primer sorete: la emoción. En ese preciso instante sentí, no pensé, sentí que capaz y quizás -muy capaz y muy quizás- me animaría a tener otro hijo. Así de grande venía este asunto que había decidido no tener más hijos.

Cuando salimos del baño él estaba tan contento que ni se acordó de pedirme el celu. Buscó su guitarra y cantó una canción que no se entendía un carajo, salvo el estribillo que decía: todos pueden ser superhéroes. Tenía que ver con una conversación que había tenido conmigo hace unos días, pero que lo cantara en ese momento era muy fuerte... No se como contuve las lágrimas.

Es hora de la siesta; Bueno, voy a dormir pero en tu cama; Hoy podés. Placer total que no se resista a la siesta. Ya acostadosMamá, quiero saber cantar bien la ción (canción) de peónpeón (Perón, Perón). Empezás el jardín, cagás en el inodoro y me pedís cantar la ¿MARCHA? ¡Ah, es un gran día!!!!! grité. Es tu día, me dice él. Es tu día, retruco yo. Es el día de los tres, remata y corre a abrazar al padre.

Luego de la siesta cucharita fuimos a la juguetería, le había dicho que podía elegir... Quería su primer lego y cuando vi los precios: Mmmm, ¿cuál querías?; ¡Batman!; Ahhh, pero mami no tiene toda esa plata... Pero hay unos hermosos trajes de Batman; Sí, está bien, mamá, ¡eso quiero! En la vereda se lo puso y empezó a saltar de alegría, seguido de un: Yayas (gracias), mami, por hacerme Batman.

Batman me acompañó al super. El padre habilitó comer panchos, ya que tanto le gustan. Llamamos a mi hermano a cenar, F quería ver a su tío y en un día como este el tío no tenía opción. 

Al terminar de comer traje una bolsa de residuos enorme y le pregunté que le parecía que teníamos que poner allí y sacar de esta casa donde ya no había bebés. Todos los epales (pañales), respondió. Y no me dejó tocar ninguno, quiso poner con sus manitos uno por uno, más el oleo calcáreo, más el algodón y juntos el cambiador; arrastramos la gran bolsa afuera de la casa. La sonrisa no le entraba en la cara. A mi tampoco. 

Fue al baño solo, al salir eligió un pijama, pidió un cuento y a la cama. Una de las últimas cosas que dijo: Mañana quiero ir un ratito más largo a mi ecola (escuela).

Lavo platos, pongo lavarropas, ordeno, cuelgo, me ducho. Me meto en la cama pensando: el día perfecto. Nuestra burbuja. 

Se me ocurre abrir el feisbuc -cosa que tengo configurada para seguir solo a algunos medios y no a personas-, y ahí está: el país de la alegría... Devaluación, despidos, censura, tarifazos, restricción de las protecciones sociales, anulación de roles del Estado, vamos a pagarle a los buitres lo declarado ilegitimo hasta por la onu, vamos a contraer una deuda monumental... ya está: el futuro de todos esos delantalcitos que vi hoy comprometido in eternum. Incluido mi pibito. 

Pero F fue al inodoro y pude ser feliz de una manera desmedida para tal pequeñez (pequeñez?), y pude olvidarme de todo por un buen rato. La alegría que puede darte un hijo, posta, es inconmensurable.

29/2/16
El tiempo vuela, no es lugar común.
Y llega el día en que se lo dejás al Estado un buen rato.
Gracias a todos los que me ayudaron a llegar viva a los #3. ¡Por sobre todo gracias a mi hermano y a mi vieja! Y gracias a: Tuty, Mini y Fer, mi cuñada Lu, las amigas con las que armamos el taller de críos, a los cumpas del laburo que me bancan parte de la maternidad, a mis amigas y amigos tan presentes. La maternidad es un viaje que tiene momentos duros, y en esta Ciudad ni les cuento...

Y ahí estuvieron ellos!!!
Pd. Sigan estando o me suicido (sic)
@matarasusanita

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2 comentarios:

  1. adoré este post! Beso enorme y felicitaciones por ver ese día. A veces se pasan de largo pero supiste darle todo el sentido
    besote

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    1. Flor, hola!!! perdón que no contesté, hace meses largos que no me conectaba al blog. Quiero reflotarlo, por el blog en sí, por mi historia y también por los vínculos ciberneticos que me brinda! ahora paso por tu espacio. Un abrazo enorme

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