viernes, 20 de enero de 2017

Ahora puedo ésto

Que ahora no podría. Que si hay algo que puse en perspectiva estos días es lo valientes y capaces de amores descabellados que son las mujeres. No es solo mandato social.

Una amiga busca un bebé por inseminación artificial y es soltera, otra está embarazada y totalmente segura de que lo hace por ella y no por un proyecto de pareja, una compañera de trabajo fue esta semana a una reunión para adoptar y es soltera, solo los casos cerca hoy... No es solo mandato social, son ovarios.

La maternidad no es lo mío. Ahradezco la fortaleza de mi pequeño espíritu por haber sobrevivido un puerperio, no exagero, he pasado cosas y dolores oscuros de verdad y me parecieron menos desgarrantes. Agradezco a mi psiquis haberse dejado llevar por esas aguas profundas sin perderse. 

Agradezco al que engendró y que lloró agradeciendo que mi útero le daba la oportunidad de ser padre y que me sostuvo como pudo, hoy sé que sin el vínculo de pareja que teníamos en ese momento no hubiera podido. 

Agradezco el hijo que me mira enamorado, y que cuando miro sé que todo valió la pena. Agradezco cada instante el fruto de ese proceso. Pero hoy no podría. Fue más fácil tirarme a lo desconocido. 

Hace unos días tuve un retraso y bajando una escalera mega alta casi me enrosco en las polleras y desbarranco, por un instante pensé: capaz me caigo y si estoy embarazada se soluciona el problemita. Tipo chiste, de los chistes en que la gracias está en que son un poco cierto, en que llevan parte de deseo. Luego pensé: no, eso pasa en las películas, ni siquiera, pasa en las telenovelas que son más dramáticas. En la vida real llaman a tu marido y le dicen: ha quedado inconsciente y toda rota, pero sigue embarazada. En fin. 

Me dice el padredelcrío que qué quiero decir con que la maternidad no es lo mío, y que la corte con lo de que soy mala madre. Pero no. Yo sé que es así. Eso no quita el amor desenfrenado por la cría, ni los esfuerzos por ser un poco digna del mismo, ni la lucha por modificar las conductas más dañinas, ni quita las buenas intenciones traducidas en fortunas en terapia para poder ver esas conductas. Pero como madre puedo verme solo sobreviviendo. 

Odio cocinar; el día más feliz de la semana es en el que la culpa permite dar fideos blancos con queso y pagaría fortunas sea cual sea la comida del comedor escolar con tal de no armar viandas; trato de evitarlo pero le doy reconstituidos, caldos, azúcar y no leo todas las etiquetas para no sentir tanto pánico y darme cuenta que: soy absolutamente incapaz de de armar una huerta y que por suerte vivo en un departamento para no deberle eso a la salud de mi hijo; transmito millones de miedos; bajo a hablarle mirándolo a los ojos y trato de explicarle por las buenas, pero no tengo paciencia cuando las teorías no hacen mella y pronto recurro al miedo; se me cae la gota gorda cuando come pues temo que muera ahogado cada puto día; pienso permanentemente en la posibilidad de accidentes domésticos y chequeo compulsivamente y en su presencia las mil medidas de seguridad con las que convivimos; soy un fantasma pálido si se acerca a una pileta y cuando sube a un tobogán solo quiero que todo termine rápido y que estemos a salvo en casa; necesito todos los refuerzos de la era, todos: fonoaudiólogo, psicólogos de orientación a padres y etcéteras; se nos traban todos los procesos fisiológicos y no porque el pibe no madure a un ritmo normal, sino porque me cuesta soltar; me aburre jugar; nací sin paciencia; la ansiedad prende fuego la almohada cuando lo quiero hacer dormir, y el chico no puede conciliar el sueño; cuando quiero transmitir tranquilidad soy una especie de pésimo actor de reparto. 

Cuando él dice cosas como: Mamá, te amo que no puedo más; Mamá, nunca me olvides que yo no puedo hacerlo; Mamá, soy feliz porque me das cosas que me gustan como hacerme un fiesta de cumple; Mamá, quiero que sea el día de la madre para regalarte algo que te haga bien; Mamá, gracias; Mami sos la más linda. Sé que todo está hermosamente justificado, sé que todo vale la pena, sé que tan grande es el placer que no importa lo igual de intenso que es en ambos sentidos.

Pero eso no quita que sea consciente de que no resisto multiplicar este mar de emociones con más hijos, al menos hoy creo que no lo resistiría. No me animo a encarar el viaje otra vez, a volver a ser solicitada cada dos horas para que alguien sobreviva, al mismo tiempo que vuelvo a olvidar hasta cuales son las cosas que me gustan e interesan, a salir del mercado laboral, a no entender los diarios, a ser un zombie porque no me da la cabeza si no duermo ocho horas seguidas, a ver mi cuerpo cambiado y empujado a envejecer más aún, a meterme en un túnel del que sé que se sale pero cuando diviso la luz y el oxigeno de la independencia esta vez estaría más cerca de los cuarenta que de los treinta. Y es que encima mientras otra vez, y por varios años, tu corazón vuelve a detenerse varias veces al día cuando divisás apneas que los demás dirán que no existen, a la par de todas esas cosas que te sacan de los circuitos sociales que te interesan ser encima "la loca" te hace sentir jodidamente sola.

Nada cambia el mágico hecho de que ha nacido por quien doy la vida. Es solo que ahora decido y puedo ésto otro. 


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