viernes, 24 de febrero de 2017

Este pospuerperio

Voy a confesarme una sensación que me inunda hace un tiempo. Y voy a hacerlo aquí como poniendo una bomba en este espacio que nació en el momento contrario, en el paréntesis, en laexperienciadesorbitante.

No voy a hacer una defensa de la vuelta a una supuesta órbita, puesto que desorbitarme así por la maternidad fue mágico y me agarró de sorpresa. Y tenía que ser así, porque con la bola de cristal no sé que hubiera hecho.

Se trata de que creí que nunca volvería a sentir ciertas cosas, que estaba "más allá" después de haber sido madre, capaz me creí un tanto superior (sic), y pensé que el proceso me había transformado de una forma que no había chance del sentir "como antes" en nada. De hecho de esas sensaciones y de los mambos por tratar de entenderlas, o ponerles un orden, nació esta catarsis.

Todo el discurso giraba en torno de que no volvería ser la misma, y claro que no, pero qué necesidad de decir lo obvio. Se me ocurrieron muertas cosas que no lo estaban. No quiero jactarme de ello, solo dejar registro, una vez bien alejada del puerperio, de mi experiencia por su paso y el después.

No quiero jactarme porque quizás involucioné, quizás tuve una gran oportunidad y la perdí, quizás la comodidad o el miedo me conectaron con el egoísmo prematerno, quizás nunca pude relajarme y aceptar que había otro prisma para verlo todo y solo conecté con el bebé por inercia afectiva sin darle paso a una nueva mujer. O por ahí es que soy tan nueva que puedo ir a los sentimientos egoístas viejos y traerlos para completarme, ésto sería lo más potable.

Aquí estoy. Tratando de buscar un nuevo esquema a toda la vida que me compete, llenándome de placer cuando desconecto con el maternar, mirando otra vez a los niños con cierta frialdad, pensando a veces a las mujeres puérperas como víctimas y ya no se me caen las babas por los bebés de todo el mundo.

Cuando veo embarazadas analizo las distancias con la masculinidad con cierto rencor, antes me quedaba en la mirada de: que triste lo que los hombres se pierden, que la biología no les permita tanta magia; y así lo creo en parte, pero hoy me gana la sensación de que: nuestros cuerpos son un eje no reconocido, no valorado como debe ser y no cuidado como se merece, son arrojados sin importar la dureza de sus procesos de transformaciones a las obligaciones de un mundo competitivo que tiene una lógica varonil de funcionamiento.

He dejado de repetir que a las mujeres se nos juega algo del poder en el orden hogareño y que debemos repartir todas las tareas pero no ceder la crianza. No la cedo, claro, disputo la supremacía del vínculo materno en mi parcela, pero no me animaría a recomendarlo.

¿Inundaran concepciones viejas o será reconexión con una parte adormecida ante el cimbronazo? En parte le doy gracias a ese proceso, pero ya no es el agradecimiento a estar inmersa en esa perspectiva tan loca.

Ahora agradezco que haya sido la posibilidad de otras vivencias y entendimientos, pero con la misma intensidad con la que agradezco esa oportunidad también agradezco haber salido, o superado, o retrocedido -ya no duelo esa etapa, porque fue loco: hubo un puerperio y algo parecido a un duelo del mismo-; ya no me da culpa si sentir como ahora es un retroceso.

Tantas miradas conviven adentro de nosotras, tantos cambios nos atraviesan desestructurándonos, tantas estructuras volvemos a inventarnos, tantas veces nos desconocemos, reencontramos y perdemos. Cada una de nosotras somos un espacio lleno de posibilidades de perspectivas, pasional diría que más que los hombres aunque no lo creo, pero lo siento. Este pospuerperio, me habla de nosotras de una forma más.


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